Navone derriba a Djokovic en el US Open: una noche de pesadilla
NUEVA YORK — En Arthur Ashe Stadium, el escenario donde tantas veces impuso su ley, Novak Djokovic se fue pequeño. Muy pequeño. A los 39 años, con la historia a un paso y el 25º Grand Slam en el horizonte, el serbio se desplomó físicamente y cayó en primera ronda del US Open ante Mariano Navone por 7-6(5), 5-7, 4-6, 6-2, 6-1, en 4 horas y 36 minutos de un drama que terminó convirtiéndose en vía crucis.
Se rompió una racha de 78 victorias consecutivas en estrenos de Grand Slam. Se rompió también una estadística casi inverosímil: era su primera derrota en las dos primeras rondas del US Open tras 37 triunfos seguidos. Y se abrió una pregunta incómoda: cuánto le queda realmente en el depósito.
Un inicio engañoso
Durante media hora, todo pareció seguir el guion de siempre. Djokovic entró mandando, agresivo, dominando los intercambios largos y abriendo huecos con precisión quirúrgica. En un suspiro se colocó 3-0, luego 4-1. El No. 49 del mundo parecía condenado a ser una nota al pie en otra noche de rutina para el cuatro veces campeón en Nueva York.
Pero el ritmo se quebró. De golpe.
Empezaron los gestos. Djokovic caminando despacio hacia la silla, la mirada perdida, las pastillas, las arcadas. El lenguaje corporal se volvió pesado, casi apático. Y, sobre todo, llegaron los errores: una cascada de fallos no forzados que dieron vida a Navone.
El argentino le rompió el saque dos veces tras ese 4-1 y se agarró al partido con un ace demoledor para igualar 4-4. Con confianza, se soltó. En el tie-break, jugó sin complejos y se llevó el primer set cuando Djokovic envió a la red un resto que parecía rutinario. El Ashe, incrédulo, empezaba a entender que aquello no era un mal arranque más. Había algo distinto.
Djokovic golpea… pero no remata
El segundo parcial se convirtió en una batalla tensa, sin concesiones al resto durante los primeros diez juegos. Ninguno cedía. Hasta que Djokovic, tirando de orgullo, encadenó ocho puntos consecutivos y se llevó el set 7-5, devolviendo el pulso al marcador y, por un momento, a la grada.
En el tercero, el guion pareció inclinarse definitivamente hacia el lado del serbio. Encontró un nuevo quiebre, se adueñó de los puntos importantes y cerró el set 6-4, levantando los brazos y pidiendo más ruido al público. Parecía otra de esas noches en las que Djokovic sufre, se enfada, coquetea con el abismo… y termina ganando.
Pero el cuerpo dijo basta.
Durante ese tramo ya se le había visto vomitar en pista, una imagen que encendió todas las alarmas. No era un episodio aislado: este mismo mes, en Cincinnati, también sufrió vómitos en su derrota de segunda ronda ante Thiago Agustín Tirante. Esta vez, la factura fue mucho más alta.
Navone resiste y castiga
Navone nunca se fue del partido. Hizo trabajar a Djokovic cada punto, alargó los peloteos hasta más de 20 golpes en múltiples ocasiones y exprimió cada gramo de energía que le quedaba al serbio. Forzó 17 bolas de break. Solo convirtió seis, pero cada una de ellas fue un golpe a la resistencia de su rival.
En el cuarto set llegó el giro definitivo. Djokovic llegó a ir un break arriba, pero su cuerpo empezó a colapsar. Dolores, calambres, la espalda que “se rindió”, el hombro que ya no respondía. Lo reconocería después: estaba sufriendo algo que arrastra “prácticamente en cada partido de este año”.
Navone olió la sangre. Aprovechó un quiebre clave, tomó el control del set y lo cerró 6-2, mientras Djokovic se movía con una mezcla de frustración e impotencia. El Ashe, acostumbrado a remontadas imposibles del serbio, esta vez asistía a un derrumbe lento, casi inevitable.
El quinto set fue una sentencia. Djokovic ya no tenía piernas ni brazo. Navone, lejos de temblar ante la magnitud del momento —jugar y tumbar al considerado por muchos como el mejor de la historia en la pista más grande del mundo—, jugó con una madurez feroz. Cerró el parcial por 6-1. El último punto, un resto flojo de Djokovic que volvió cruzado al otro lado sin respuesta, fue casi simbólico: no quedaba nada en el tanque.
El respeto del vencedor y la sombra de la salud de Djokovic
“Fue muy duro para mí porque estás jugando con el ‘GOAT’ en esta pista”, confesó Navone al término del partido, todavía con la adrenalina a flor de piel. “Seguro que es lo mejor que he vivido en una pista. Esta pista es increíble y el escenario más grande. Es increíble la forma en la que jugamos, cinco sets. Estoy muy feliz. No sé… ¿qué puedo decir?”.
En 2024, el argentino ya había hecho historia al convertirse en el primer hombre de la Era Abierta en ser cabeza de serie en su debut en un cuadro principal de Grand Slam, en Roland Garros. Ahora, se lleva la mayor victoria de su carrera y un billete para la segunda ronda, donde le espera el ganador del duelo entre Matteo Berrettini y Stan Wawrinka, el 2 de septiembre.
Djokovic, en cambio, se marcha con más dudas que certezas. “Creo que fue obvio que fue una sensación horrible en la pista para mí. Es algo que he estado arrastrando, por desgracia, prácticamente en cada partido este año”, admitió. “Vómitos, una cuestión seria ahí. Luego todo mi cuerpo empieza a colapsar, básicamente calambres y dolor. La espalda se rindió al final y el hombro, y no pude cerrarlo. Estaba un break arriba en el cuarto, pero sufrí desde el cuarto juego del partido. No quiero quitarle mérito a su victoria. Felicitaciones para él, es un buen tipo, un luchador. Pero yo no disfruté”.
El hombre que parecía inmortal en los grandes se vio humano como pocas veces. El US Open, que tantas veces fue su trampolín hacia la gloria, esta vez lo deja lleno de interrogantes. Y la temporada, con su gran objetivo número 25 todavía pendiente, se le hace de repente mucho más larga.






