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Nikita Tszyu enfrenta controversia tras pelea con Mahoney

Nikita Tszyu sobrevive a su “jefe final” Mahoney… y hasta él cree que perdió

La noche que debía despejarle el camino hacia un título mundial dejó a Nikita Tszyu con más dudas que certezas. El australiano de 28 años, número 5 del mundo, salió del ring con una polémica decisión dividida, un ojo ensangrentado y una confesión brutal: él mismo pensó que había perdido.

En el Gold Coast Convention and Exhibition Centre, en una eliminatoria IBF del superwélter que debía catapultarlo hacia el campeón Josh Kelly, el favorito se topó con un Ben Mahoney indomable, alimentado por un público que rugió su nombre durante 12 asaltos.

Las tarjetas lo dijeron todo… y no dijeron nada: 117-111 para Tszyu, 115-113 para Mahoney, 114-114. Silbidos, abucheos, incredulidad. Y en medio del ruido, el propio ganador echando agua fría al veredicto.

“Le di la pelea a Ben. Fue una pelea dura”, admitió Nikita ante el micrófono de Main Event. “Le di quizá una o dos rondas más. Fue cerrada, pero pensé que él la había sacado”.

Mahoney, con la cara marcada pero la mirada firme, coincidió. Y el estadio con él.

“Creo que gané esa pelea”, soltó. “Sentí que terminé muy fuerte. Creo que me llevé esos dos últimos asaltos… todo el respeto para Nikita, es un maldito guerrero”.

Una guerra a 12 asaltos… y un futuro en el aire

El combate estuvo a la altura de la etiqueta de “eliminatoria mundial”. Nada de estudio eterno, nada de especular. Mahoney salió como si el título ya estuviera en juego. Más agresivo en el primero y el segundo, empujado por el cántico de “Benny, Benny, Benny”, castigó temprano mientras Tszyu buscaba el cuerpo con paciencia quirúrgica.

En el tercer asalto, un choque de cabezas cambió el paisaje. El ojo de Tszyu empezó a sangrar y el favorito tuvo que boxear el resto de la noche con la visión comprometida. Aun así, cerró ese round con un derechazo final que le dio aire y, por primera vez, algo de control.

Hubo incluso un momento de alivio cómico: una caída del árbitro en el segundo asalto arrancó una sonrisa de Tszyu, pero la broma duró un suspiro. La pelea volvió a ser un intercambio duro, sin pausas, sin escondites.

Mahoney no se fue. Ni un paso atrás. Un discurso crudo de su entrenador Josh Arnold antes del noveno —“tienes cuatro asaltos para cambiar tu vida”— lo reactivó cuando las piernas empezaban a pesar. En el mismo noveno, un golpe bajo del local obligó a una pausa y a una advertencia arbitral. Tszyu aprovechó el respiro, pero la pelea seguía abierta.

En el undécimo, un resbalón de Mahoney le dio a Nikita la ventana que buscaba: combinaciones al cuerpo, castigo sistemático, intentando inclinar unas tarjetas que se intuían apretadas. Antes del último asalto, Arnold volvió a apelar a lo más íntimo de su boxeador: “Esto es por tu hija”. Mahoney levantó los brazos, pidió ruido, se vació.

No le alcanzó en los papeles. Sí en el respeto.

“Una pelea de acción total, una eliminatoria mundial a la altura de su nombre”, resumió el comentarista Ben Damon. “Dos guerreros en la Gold Coast”.

Danny Green, leyenda del boxeo australiano, fue igual de contundente en su elogio: “Pelea extraordinaria. Ben Mahoney, quítate el sombrero… eres un boxeador de clase mundial y lo demostraste otra vez. Nikita… has conquistado esos 12 asaltos ante un rival de nivel mundial. El futuro es muy brillante”.

Brillante, sí. Pero ahora también lleno de interrogantes. Porque cuando el propio ganador reconoce que vio perderse en las tarjetas, la sombra del desquite aparece sola.

“Creo que necesitamos una revancha”, lanzó Damon. Green asintió: “Para mí, me encantaría verla. Es lo justo para ambos”.

La noche que debía aclarar el camino de Nikita hacia Josh Kelly terminó con un nuevo obstáculo: un Ben Mahoney que ya se ha ganado, como mínimo, una segunda oportunidad.

Mazoudier sufre, pero mantiene viva la cita con Charlo

Antes del drama de Tszyu y Mahoney, otra historia estuvo a punto de descarrilar la gran planificación del equipo australiano. Koen Mazoudier se jugó mucho más que una victoria ante Sam Beck: en riesgo estaba su pelea pactada con Jermall Charlo.

El riesgo casi le explota en la cara.

Beck lo llevó al límite en un combate de diez asaltos que dejó al público de la Gold Coast exhausto y fascinado. Las tarjetas: 95-95, 97-93, 96-94 para Mazoudier, triunfo por decisión mayoritaria y alivio colectivo.

“Es un riesgo enorme para Mazoudier, pero una pelea increíble. Quitaos el sombrero”, lanzó Ben Damon. Green completó: “Actuación fenomenal de ambos”.

Los números explican la batalla: 526 golpes conectados entre los dos, más de 150 de ellos al cuerpo de Beck. Mazoudier acabó con el ojo inflamado ya en el tercer asalto y, en el sexto, Beck le voló el protector bucal con un uppercut seguido de un zurdazo demoledor.

“Dos de los mejores golpes de la pelea”, valoró Green.

Mazoudier y Charlo ya debían haberse visto las caras en la velada de Tim Tszyu ante Errol Spence, cancelada cuando al estadounidense le negaron la visa. Ahora, con la victoria asegurada pero el orgullo tocado, el australiano fue despiadadamente honesto.

“Necesito estar mucho mejor que eso contra Charlo, fue una actuación pobre”, admitió. “Nos dejaron tirados, se suponía que venían aquí. Me encanta la historia del no favorito. Volvamos a su patio trasero y quitémoselo”.

La cita con Charlo sigue en pie. El aviso, también.

Kirra Ruston, diez peleas, diez TKO: la furia en un asalto

Si el plato fuerte se decidió por milímetros, Kirra Ruston no quiso saber nada de dudas. El australiano firmó otro nocaut técnico en el primer asalto ante Saundre Simmons y extendió una racha que ya empieza a sonar a amenaza seria: diez peleas, diez TKO.

Tras un arranque tenso, Ruston olió el miedo en cuanto conectó un derechazo brutal que mandó a la lona al bermudeño a falta de un minuto para el final del round. Simmons se levantó, pero solo para recibir una lluvia de golpes contra las cuerdas que obligó al árbitro a detener el combate.

“¡Un asalto de asalto total!”, exclamó Damon. “Es algo especial”.

Simmons protestó con furia, convencido de que podía seguir, pero Green fue claro al analizarlo: aún estaba “medio tambaleante” mientras discutía con el árbitro.

Ruston, eufórico, confesó que ni él esperaba algo tan rápido. “No esperaba que fuera en el primer asalto. ¡Pónganme otra vez, estoy listo! Si él quería seguir más, que se quedara más”.

En la mesa de Main Event, Pete Badel no dudó en mirar hacia arriba: con 28 años, ve al pegador australiano peleando por un título mundial “muy pronto”. La estadística respalda la predicción.

Orgullo, sangre y polémica: Grach, Mundine y una noche que no aflojó

El telón de la velada se sostuvo con más historias intensas. En los pesos pesados, Brandon Grach volvió a amargar la noche de Ike “From” Pluto en una revancha tan salvaje como la primera.

Un mes después de haberle ganado con apenas 24 horas de aviso en la cartelera de Tim Tszyu vs Errol Spence, “The Bull” terminó esta vez con un corte sobre el ojo, producto de repetidos golpes tardíos en el último asalto. Pese a ello, las tarjetas volvieron a sonreírle: 58-55, 56-57, 57-56, otra decisión dividida que no coincidió con la lectura de Danny Green.

“Ha conectado los golpes más limpios”, dijo el ex campeón sobre Pluto antes del fallo. Después, fue aún más directo: “Voy a decirlo: creo que Pluto fue el mejor boxeador esta noche”.

La diferencia estuvo en un zurdazo de Grach en el segundo asalto que mandó a la lona a Pluto, única caída del combate y golpe clave en el conteo final. Grach, fiel a su estilo, rindió homenaje a su rival: “Todo el mérito para Ike from Pluto, viene de otro planeta y pelea como si fuera de otro planeta”.

En el programa preliminar, Rahim Mundine, hijo de la leyenda Anthony, mantuvo su invicto con una victoria unánime ante Jae Larsen. “The Dream”, que soñó con la NRL antes de que una lesión de cadera lo empujara al boxeo, se agotó en los asaltos finales, pero se llevó las tarjetas 52-45, 49-46, 48-47.

Con Anthony Mundine y su eterno rival Danny Green observando y aconsejando desde fuera del ring, el joven de 25 años dejó su marca: 4-0 como profesional y su segunda pelea televisada tras el controvertido triunfo ante Lance McDonald en mayo.

La sombra de Tim y el fuego que viene

La noche también dejó un detalle que reaviva una historia paralela: la relación entre los hermanos Tszyu. Tim, que no acudió a la velada de la Gold Coast, envió un mensaje en redes antes del evento: “Goodluck to the boys fighting. Keen to watch Koen, Kira, Callum and Wells!”. El nombre de Nikita no apareció en esa lista.

Nikita sí estuvo en la última pelea de Tim, el triunfo ante Errol Spence Jr en Sídney hace un mes, en medio de rumores sobre una tensión creciente entre ambos. El silencio público del mayor en una noche tan decisiva para el menor no pasará inadvertido.

Todo esto ocurre mientras la hoja de ruta del menor de los Tszyu parecía clara: eliminatoria IBF, victoria convincente, puerta abierta a Josh Kelly, posibles choques en Estados Unidos, incluso nombres como Keith Thurman flotando en el horizonte. Su equipo hablaba de un título mundial en los próximos 12 meses.

Mahoney se plantó delante de ese guion y lo destrozó a golpes, aunque no en las tarjetas. La decisión mantiene viva la ruta de Nikita, pero ya nada se ve igual. El público pidió revancha. Los comentaristas la avalaron. El propio ganador reconoció que vio a su rival por delante.

Eliminatoria mundial, sí. Veredicto oficial, también. Pero la pregunta que quedará flotando en la Gold Coast es otra: ¿podrá Nikita Tszyu lanzarse a por el mundo sin volver antes a resolver, de una vez, la cuenta pendiente que le dejó Ben Mahoney en casa?